No quiero vivir enojada

jueves, 18 de junio de 2026 Puerto Rico


Últimamente el odio y el enojo me consumen.

Y me resulta extraño, porque aunque siempre he tenido un carácter fuerte, no soy una persona que vive molesta por todo y con todo. Pero últimamente se siente así. Como si cualquier cosa pudiera tocar una parte de mí que ya está demasiado sensible. Como si estuviera caminando con el corazón inflamado.

Y no me siento cómoda con eso.

Por una parte, no quiero invalidar lo que siento. No quiero decirme que estoy exagerando, que no debería sentirme así o que tengo que superarlo rápido. Pero por otra parte, tampoco quiero que esto se convierta en quien soy.

¿Se vale decir que odio estar enojada? ¿Que odio sentir odio? Sé que suena como una contradicción, pero es la verdad.

Y puede que me preguntes: “Zaida, ¿pero por qué estás tan molesta?”

Pues mira, buena pregunta.

Tal vez estoy molesta porque siento que los empleadores de mi esposo van a despedirlo antes de que pase la probatoria. Tal vez es porque no he tenido mi periodo en más de un mes y mi cuerpo también está diciendo algo que todavía no entiendo. Tal vez es porque actualmente estoy desempleada y, aunque tengo sueños, ideas y ganas de emprender, no tengo todos los recursos para hacerlo como quisiera.

Puede que esté molesta porque siento que aquí el gobierno no hace una mierda por el país ni por quienes queremos echar hacia adelante. Puede que sea porque amo a mi abuela y amo a mi mamá, pero odio que estemos teniendo que pasar por un proceso legal con otros familiares porque ya no podemos seguir siendo las únicas que ayudemos.

Puede que sea una de esas cosas. O puede que sean todas al mismo tiempo.

Y quisiera venir aquí y decirte una frase bonita sobre cómo superar esto. Algo esperanzador, algo suave, algo que cierre con una lección perfecta. Pero ahora mismo no sé cuál es la respuesta. Ahora mismo no entiendo cuál es la respuesta.

Lo que sí sé es que he tratado de reprimir este enojo, porque hay personas que no se merecen la rabia que llevo por dentro. Hay gente que no tiene culpa de mis procesos, de mis miedos ni de mis frustraciones. Y aunque sentir enojo es válido, descargarlo en quien no corresponde no es justo.

Así que, por ahora, mis maneras de lidiar con esto han sido bastante humanas, imperfectas y un poco raras:

☐ Escuchar música que pueda cantar a todo pulmón. A veces sacar la voz también ayuda a sacar un poco de lo que llevo acumulado por dentro.
☐ Ver películas más sangrientas de lo que normalmente vería. No porque disfrute la violencia, sino porque me permiten canalizar parte de esa intensidad emocional de forma segura.
☐ Jugar Overwatch, que me da una excusa perfecta para gritar cosas sin que la gente piense que son para ellos. Además, concentrarme en una partida me ayuda a desconectarme por un rato de mis preocupaciones.
☐ Consumir más videos de TikTok de perritos, de comedia y de cosas que me recuerdan que todavía me puedo reír. Porque incluso en los días difíciles, una sonrisa sigue siendo una pequeña victoria.
☐ Comer hielo para sentir que alguna parte de mí se enfría. Es una sensación simple, pero a veces me ayuda a bajar la intensidad del momento.
☐ Darme duchas bien frías para ver si el cuerpo se calma primero y la mente lo sigue después. No siempre funciona, pero muchas veces me ayuda a sentirme más presente y menos atrapada en mis pensamientos.

Y quiero aclarar algo: esto no es un consejo psicológico. Es solo lo que yo he hecho para poder manejarlo. Pero sé que son curitas para la situación, no son el remedio.

Porque el enojo, cuando se acumula, casi siempre intenta decir algo. A veces habla de cansancio. A veces habla de miedo. A veces habla de impotencia. A veces habla de una tristeza que todavía no sabe cómo superar.

Supongo que es un tema que debo llevar a terapia. Así que ya veremos cómo me va. Tal vez allí encuentre una respuesta o tal vez no.

Pero por ahora, al menos estoy siendo honesta conmigo: no quiero vivir consumida por el enojo. No quiero convertirme en una versión de mí que solo sabe reaccionar desde la herida.

Y aunque todavía no sé cómo soltarlo todo, reconocerlo también es un comienzo.

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