Un llamado a que la iglesia recuerde su sacrificio para que todos puedan practicar una espiritualidad saludable

viernes, 15 de abril de 2022 Puerto Rico





Estamos en Semana Santa, y en esta semana conmemoramos el gran sacrificio que hizo Cristo por nosotros en la cruz.  Sin embargo, algo que debería ser de gran impacto se ha convertido en una trivialidad, en una monotonía e incluso una estrategia mediática. La importancia que debería tener para aquellos que practican el cristianismo, se ha perdido en los protocolos de la Iglesia. 

Esta semana no se trata de que es lo que comas, como te vistas o donde vayas. Esta semana se trata de recordar que Cristo murió por mí, por ti y por todos los que están en este mundo. Sí, por todos, aun aquellos a los que la Iglesia señala y enjuicia por ser deferentes a la “norma”. Y a mí me parece sorprendente que muchos cristianos no puedan comprender que el amor de Cristo iba mucho más allá de los estereotipos que podamos tener contra ciertos grupos minorizados. Me sorprende porque el sacrificio de Cristo es precisamente ejemplo de que su amor era para todos, sin excepción de personas. Un amor que no discrimina, no señala, y que lo dio todo para que nosotros podamos ser salvos.  

Entonces, para practicar una espiritualidad saludable, tenemos que comenzar a preguntarnos ¿qué tan importante es el Sacrificio de Cristo para nosotros? ¿Solo es una monotonía de Semana Santa o es algo que recordamos diariamente? ¿Y si lo recordamos constantemente porque no podemos aceptar que este perdón se extiende para todas las personas? Desde mis creencias, el acceso al perdón, al amor y salvación de Cristo no discrimina contra las personas ni les dice que tienen que dejar de ser ellos para poder orar o ir a una iglesia. La Iglesia tiene un peso de responsabilidad sobre sus hombros de amar su prójimo y esto incluye al homosexual demonizan o a la mujer que juzgan por haber abortado. Al pensar así, esas personas nada más se convierten en los religiosos a los que las personas les tiene tanta apatía y la principal razón por la que, cada vez más, las iglesias están vacías.



A mí me parece particularmente interesante que Puerto Rico tiene más iglesias que escuelas, que en una misma calle podemos encontrarnos hasta más de dos iglesias. Sin embargo, solamente en Semana Santa es cuando las iglesias se llenan de visitantes. Y normalmente el comentario estaría dirigido a que estas personas son hipócritas, sin embargo, yo no opino eso. Yo creo que estas son personas normales que reconocen que hay un Jesús que murió por ellos, pero no sienten que dentro de su imperfección ellos pueden ir a la iglesia con frecuencia. ¿Por qué? Porque como iglesia hemos fallado en llevar el mensaje de amor y redención, y nos hemos enfocado en encajonar a las personas cristianas con unas características particulares y si no son así, pues no son dignos de ser miembros de una iglesia y poder practicar una espiritualidad saludable. 

Es por eso que, en esta semana Santa, quiero hacer un llamado a las personas cristianas a que realmente recuerden el sacrificio de Cristo y lo que esto significa. Para que esto nos lleve a reflexionar sobre nuestros estereotipos, los juicios que emitimos y nuestra posición de privilegio.  Porque solo reflexionando y transformando nuestra individualidad es que podremos transformar los espacios eclesiásticos para que realmente estén abiertos a todos, para que los espacios tóxicos y de juicio disminuyan, pero sobre todo para que sin importar quien sea la persona puedan sentir que ir a la iglesia durante el resto del año no es algo imposible. Que los diferentes sellos que les haya puesto la sociedad, y hasta el momento también la iglesia, no detenga de ir a la iglesia a las personas que creen que hay un Dios, un Cristo que murió por ellos.  

El sacrificio de Cristo debe transformar primero a su Iglesia, para que la Iglesia pueda hablar al mundo de este gran sacrificio y de su importancia.



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